martes, 6 de noviembre de 2012

Trayectoria de caída



Considerar que la voluntad es
como la flor del amor,
que en la medida que se alimente
crece y se hace fuerte,
no me parece muy equivocado.

Sin embargo, corroboro que
en algunas personas
esta tendencia no es
ley universal, pues sus
deseos de edificar
los proyectos vitales
languidecen como un junco
con la proximidad del calor.

Entonces me preocupo, en
especial si se trata de seres queridos.

¡Cuántas veces te cantó odas,
mi doncella triste!,
mas ahora me despierta un
sentimiento más que laudatorio
de aprehensión sobre tu futuro.

Lamentablemente (y lo digo
con mucho respeto),
la constancia es un bien
escaso en tu inventario emocional.

Mi bien amada, si pareces
un cometa en caída libre
hacia nuestro planeta,
pero cuyo destino es desintegrarse
antes de tocar la faz de la Tierra.

Como que te desvaneces y tu vigor
se silencia, o bien eres
un volantín que pierde el hilo.

¿En qué cielos u océanos te puedo
encontrar cuando te extravías?

No vayas a ser como la perrita Laika,
pululando eternamente por el espacio exterior.

Sé de tus esfuerzos y afanes,
de tus tropiezos y sacrificios,
pero me preocupa que quedes
como una niña que juega descalza,
con las manos vacías sentada
sobre tierra infértil.

Por la empatía que nos une,
a veces pienso que estas tribulaciones
no son más que una proyección de
mi identidad en tu grácil figura.

Mas si me es concedido pedir un deseo
al ver caer un cometa,
yo cifraría todos mis anhelos
en asegurarte un futuro de calma
y felicidad.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Abrazo en las alturas



La realidad era aciaga, oscura y repugnante.
Entonces consideré que la muerte sería
aciaga, oscura y repugnante,
equivalencia en condiciones opuestas,
pero acabaría con mis tribulaciones
y daría paso al descanso eterno,
mientras mi piel sudaba frío
y la respiración se intimidaba en circular
ante el vacío vertiginoso
del abismo de ominosa seducción,
que me invitaba a caer en el precipicio.

La palabra, al igual que ahora,
había perdido todo su poder
de evocación y resonaba
como cascabel sordo.

No había tierra virgen donde
sembrar mis pies a la espera
del crecimiento fecundo
de las ramas del fuerte Roble.
Sólo un páramo estéril
donde mi cuerpo sucumbía
a la brisa de la desesperanza,
y el sentido lloraba desconsolado
al constatar que iba desvaneciéndose
de la cabeza a los pies.

Entonces la doncella de temple acongojado
entonó una canción suave y cadenciosa,
al compás de una danza que barnizó
el rojo del horizonte de un etéreo azul.

Ella me acogió en su regazo
como el buen samaritano
que entrega vida al malherido
al costado del camino,
sin esperar nada a cambio.

Caricia reivindicadora que me devolvió
mi mirada al frente, deshaciéndome
de las cavilaciones gobernadas
por los artesanos del olvido.

Mi cuerpo sintiendo la cálida sangre
circulando por mis venas,
gracias al redentor abrazo en las alturas.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Gigantes invisibles



Dedos de viento que giran por inercia;
atrapan el aire hasta la asfixia.
Por el círculo que encierran las aspas
se ve un laberinto en forma de espiral,
y la sombra de la lanza del caballero
se deshace junto a su triste figura.

En Montesinos dejó su capa caída,
que un girón de cielo oculta en su armadura
de hierro gris con óxido
enterrado en alba sepultura.

Pese a que el sol se interna
en cúmulos de cemento,
sus manos empuñadas aún
se estiran al cielo
desgarrándose en combate
con armaduras invisibles,
que en picada lanzan alaridos
a oídos sordos y herméticos,
que consumieron el oxígeno
del hombre de cristiana sepultura.

martes, 30 de octubre de 2012

Añoranza de campos de trigo



Emulando a Saint- Exupéry,
me he posicionado arbitrariamente
en los dominios de la nostalgia
por el Principito, que sintiera
aquel noble mamífero.

Porque en noches como estas
siento que mi cuerpo es
un muñeco de trapo,
liviano y vulnerable,
que alberga el vacío triste
de tu ausencia.

Y mi memoria se eleva
con la energía de un suspiro
al atardecer,
a los territorios indelebles
donde la dicha me invadió
al contemplar tu rostro angelical
y tu risa de musical cadencia.

Invocación involuntaria
de tus gestos y palabras,
que desfilan como querubines
alrededor de mi figura qujotezca,
que no puede evitar perderse
en la ensoñación de tu mirada.

Cada evocación de tu sonrisa espontánea,
elixir adictivo que me emborracha
hasta desear fundir nuestros cuerpos
en un cariñoso abrazo,
 es ahora un canto de lobo solitario
motivado por la distancia.

Siento que mis dedos adquieren
voluntad propia para tomar el teléfono,
y así deleitarme con la sinfonía de tu voz
y la panacea del contenido de tus palabras,
que reparan todos mis jirones existenciales.

Añoro danzar en los campos de trigo
que evoca tu suave cabello
color dorado,
y mi deseo es acariciarlo
hasta que tus párpados cedan
a un dulce sueño infantil.

No quiero hablar del futuro
ni del inexorable destino,
sólo quiero morir en un segundo de trance
en la serena pasividad de reconstruirte
en mi memoria.

sábado, 27 de octubre de 2012

A los viejos hermanos poetas y comunistas



“Un viejo que fuera comunista,
se sienta a fumar la tarde entera”,
suenan los acordes y voz melodiosa
del talentoso Manuel García.
El tema en cuestión es parte de
la banda sonora del documental
“La ciudad de los fotógrafos”.

Atinente y pertinente, a la vez,
mensaje a los protagonistas del film
(a saber, un emotivo homenaje),
pues con sus cámaras fotográficas
como armas de trabajo lucharon
en contra de la dictadura de Pinochet,
registrando los excesos criminales y
el sadismo que la palabra no nombra,
mas la imagen revela.

Yo, lo confieso con vergüenza,
nunca he leído a Marx ni a sus discípulos.
Pero el vocablo “comunista” suena en
mi memoria desde mi más tierna infancia.

“Comunista de mierda”, solía más bien
escuchar repetir en boca de los adultos,
y en mi inocente consciencia no encontraba
ninguna explicación al origen de esa
rabia energúmena con la cual eran pronunciadas
esas palabras y una serie de diatribas
que le acompañaban de añadidura.

Hoy, a mis 35 años, tampoco me lo explico.

Pero bien es cierto que las palabras de García
encuentran eco en mis pensamientos.

Ahora le encuentro sentido,
y me embraga una tristeza inconsolable,
a la desazón e infinito sentimiento frustrante
de tantos viejos hermanos poetas y comunistas.

Podemos salir a caminar por las calles
del otoño reflexionando sobre
la muerte de la utopía socialista.

Tal vez sea un consuelo,
pero esa devastadora aridez
emocional que experimentaron
grandes nombres de letras
no se agota en la melancolía contemplativa
del humo del cigarro que huye por la ventana.

Mis saludos y honores
al viejo y sabio Poli Délano,
maestro de tantos escritores y
quien fuera bautizado por el propio Neruda,
y a quien en el momento que compartí
tertulias literarias no entendí en profundidad.

No se me iluminó la consciencia a tiempo,
sobre esa fulminante y amarga certidumbre
de que hay cosas que no podemos manejar,
de que en nuestra vida hay aspectos que
escapan a nuestro control, mas no al de
oscuros poderes ocultos y anónimos.

Mai mai Peñi, don Nica. Y pensar que usted cantó:
“¡Tiempo perdido miserablemente!”,
en alusión a los viejos poetas y comunistas
que le antecedieron, que escribieron
esas palabras para asustar al pequeño burgués.

“El pequeño burgués no reacciona
sino cuando se trata del estómago”.

Cierto, muy cierto, maestro de la antipoesía,
mas no fuimos capaces de amedrentarlo.
Por favor, no crea que lo subestimo.
Al contrario, usted es mi modelo
de admiración y referencia,
el ejemplo de talento literario genuino,
consecuencia tenaz, coherencia,
inteligencia elevada y, por sobre todo,
humanidad.

Mas me atrevo insolentemente a creer
que compartirá conmigo la opinión
de que hay ciertos gigantes invisibles
que ni el mismo Quijote sería
capaz de vencer.

Y es el mensaje que me gustaría transmitirle
a compañeros como Gianfranco y Andrea,
aunque tal vez lo sepan o no quieran escucharme.

Ni viejo ni joven, ni comunista ni poeta,
soy sólo un extraño espécimen que rinde culto
y homenaje a estos nunca bien ponderados
próceres humanos,
a través de este insípido y amorfo
intento frustrado de poema.

martes, 23 de octubre de 2012

Prepotencia latifundista



No nos interesa si construyes
maravillosos castillos de sueños
en tu interior.
No nos interesa si has reflejado
tu imagen de placentero alivio,
por la entrega de tus sentimientos
más transparentes,
en los ojos de una muchacha.

(Y tu vida está en peligro
si intentas cerrar el círculo con
una suave caricia en su figura).

No nos interesa que hayas desplegado
tus alas de Ave Fénix, luego
de la agonía de atravesar
el desierto del vacío.

Eres un objeto de nuestra propiedad,
un insignificante engranaje
de nuestra majestuosa maquinaria
de producción de moldes cerebrales
en serie.

Olvida tus anhelos más altruistas,
olvida tus lazos sanguíneos y
a tus seres queridos,
olvida los retazos de tus recuerdos infantiles.

No tienes derecho a hablar,
ni siquiera a expresarte con gestos faciales.
Cada uno de tus actos, hasta los más nimios,
está registrado por nuestra legítima
intromisión a tu vida personal y privada.

Acostúmbrate a mover tus extremidades
acorde al movimiento vertical
de los hilos que las sostienen.
Reza por tu vida si osas atreverte
a desafiar nuestros designios divinos.

A nuestros ojos,
en la conducta que te ha sido
asignada ante la sociedad,
eres un borrego domesticado,
el cual sufrirá un cruel castigo
si se descarría.

Recuerda,  ay de ti si insinúas,
hasta con el pensamiento,
que esto no lo hacemos por tu bien;
pues hasta tus ideas,
hasta tus deseos e instintos,
nosotros controlamos.

jueves, 18 de octubre de 2012

Victoria de Morfeo



El Tiempo traspasó con ágiles pasos
los cinco continentes;
hizo caso omiso al pregonar
de noticias polémicas;
bajó sus párpados ante alaridos
desconsolados de niños hambrientos;
inclinó la cabeza ante la invitación del monarca
a pantagruélicos banquetes.

Sobre océanos humanos durmió una siesta,
su palpitar acompasado paralizó
los engranajes de industrias;
los cuerpos de los amantes
se recostaron dándose la espalda;
los soldados dejaron sus armas en anaqueles,
displicentes al estrépito del bombardeo enemigo;
ángeles en las alturas se encogieron de hombros
al mirar a pueblos desangrarse
en crímenes inhumanos.

El Tiempo soñó con la semilla
fecundando la tierra virgen;
con el milagro de los condenados a inanición
compartiendo el pan;
la risa de los niños inundando
de alegría a los ancianos.

Un hombre puliendo
las facciones de esperanza
entre figuras estáticas
privadas de consuelo.

Sin embrago, sus sueños
guardaron reposo;
la inercia de la modorra clavó
su bandera en la conciencia,
y los suspiros se apoderaron
del espíritu de los emprendedores.

El ocaso barnizó los músculos
de los atletas frente al disparo de partida;
el instinto gregario se confinó al claustro,
cual epidemia que se propaga
como una estampida silenciosa.

El letargo gobernó el dominio de los deseos.