lunes, 30 de julio de 2018

Las vetas del roble



Puede que te sientas atrapado en un desierto
sin nutrientes para crecer, roble triste
condenado a un sol abrasador
y la hojarasca descarte lluvias nuevas

Tal vez no sea el momento
El suelo tornará más ácido, o más alcalino
llegará el día en que estreches a una bailarina
entre tus ramas cansadas
y tu savia se alimente con sangre viva

Quizás una niña juegue entre tus raíces
apoye su espalda en tu tronco, ilumine su cara
y ese descanso extienda tus ramas
humedezca tu corteza, más robusto el talante

El día y la noche no aceleran su ritmo
sólo porque lo desees al estremecer la tierra

Vendrá el riachuelo a refrescar tus raíces

Si la primavera está varada en la estación del ayer
nadie podrá detener la llegada del tren a su destino

miércoles, 18 de julio de 2018

Emperatriz



Tal vez fueron sus ademanes elegantes
delicadeza sutil que me embobó de lleno
caí rendido a los pies de la doncella
sin considerar que su alcurnia me era ajena

Un vasallo haciendo la corte a la emperatriz
cumplidos barrocos y dádivas a granel
mascota acurrucada a sus zapatos de charol
el amor cortés en tiempos modernos

Sin embargo, mi perseverancia rindió frutos
la dama noble se enterneció, me buscaba
disimulando la timidez en su orgullo henchido
minucias del romance de las que nunca fui hábil

Una cita en un café del barrio alto fue clave
armado de valor, le declaré mis sentimientos
su pecho se abrió como una granada turgente
y me saltó su corazón a la cara*

Muchacho insolente, me recriminó con rabia
salirme del protocolo, ofensa imperdonable
debí marcharme resignado, con el orgullo herido
y una lección que en vida jamás olvidaría

*Bernardo Grez, en “Eros y Tanatos”

martes, 10 de julio de 2018

Alejandro el viejo y don Enrique



Febrero de 2014

A mi abuelo, Alejandro Robles Jiménez, y a Enrique Lihn

Alejandro despertó temprano esa mañana
Pidió el desayuno a Elena
se levantó en pijamas
Comió tostadas y una taza de té

Sufría por su reciente operación
Repitió el plato, desayunó
otra vez.
Luego se acostó a dormir, Elena
a su lado

No despertó más

Entrecruzadas vidas
hombres que jamás se miraron a los ojos

Elena pasaría sus últimos días en
un departamento de calle Passy
Geografía idéntica del refugio
de don Enrique
escribiendo Diario de muerte

El cáncer tocó a su puerta.
Existencia malograda, atardeceres
mustios bebiendo té

La tinta registraba bellos versos de
su amargura
mas la necedad parió con él
la necedad de asumir al enemigo
la necedad de vivir sin tener
precio

Escritorcillos fracasados se codearon
con poderes oscuros.
Conjura contra don Enrique
murió sin pena ni gloria
recibió el Pago de Chile


Alejandro fue empleado público
siete hijos a su haber
largas tertulias de sobremesa
Elena lo apremiaba cuando
con placer distendía
la palabra

Pero a veces el mundo se viene
encima
como ola que estalla sobre la cabeza
y no hay más remedio que
la costumbre resignada.

Alejandro y don Enrique nunca
se conocieron
mas compartieron esa desazón:
expirar sintiéndose enojados
con la vida