jueves, 9 de agosto de 2012

Mujer indeleble



                              A Viviana Vigouroux

Podría unir con pensamientos
las luces de las estrellas
desde cualquier punto del planeta,
y evocar tu sonrisa;
podría ser expulsado
violentamente
del océano de las tribulaciones
de tu ausencia,
y dibujar tu rostro nítido en la arena;
podría reconocer tu olor
a kilómetros de distancia,
aunque me encontrase sumido
en la fauna exuberante
de la Selva del Amazonas.

Mis dedos serían el testigo
irrefutable de tu cuerpo
al posar mis yemas sobre tu piel,
y caería en éxtasis
al emborracharme de placer
con los cálidos acordes
de tu risa cadenciosa.

Mujer antediluviana
que resististe incólume
el castigo de las lluvias
torrenciales de Dios,
para mantener tu boca
húmeda a mis besos,
memoria grabada con sangre
en mis huesos
para no confundir
tus caricias irremplazables
ni ante un harem de odaliscas.

Las leyes del hombre
pueden levantar
muros de vergüenza
entre nosotros,
izar banderas ideológicas
en nuestra conciencia,
o imponer falsos ídolos
para nuestro culto,
pero tu mirada ha esbozado
un manantial de emociones
en mi historia,
y aunque otra mujer
tome mi mano,
mi cariño siempre será
propiedad de tus besos.

martes, 7 de agosto de 2012

La muerte del peregrino



En un jardín idílico y cercado
al mundo exterior
juega un niño de mirada inocente,
y en medio de su ensimismamiento
de lúdico placer,
se asoma a los límites
de su realidad amparada,
naciendo en sus ojos la figura del peregrino,
que traspasará su entorno
para conquistar tierras extrañas.

Precoz proyección de sus anhelos,
con ansia de edificar ciudades
donde fundará su futura residencia,
sombra majestuosa que revelará
la huella de sus pasos,
erigiendo los contornos de su orgullo
cual satisfacción del sudor
derramado por el labrador,
que contempla sereno su última cosecha.

Los deseos infantiles escenifican
al peregrino domesticando
la naturaleza agreste;
enarbolando la razón como el cuchillo
que faenará los animales
de los cuales procurará su alimento;
arrancando de su corazón una cuerda
cuyos tramos repartirá
entre distintas manos
dibujando una figura circular;
construyendo con sus palabras una estancia
donde sus caricias se confundan
con el cuerpo de la mujer que habita.

Sin embargo, 
una nube ominosa
amenaza con destruir sus pasos.
Una mueca de desprecio
insolente a la razón
lo obliga a proferir
en una lengua caótica e incomprensible,
y la desazón se instala
en la conciencia del niño,
que observa el espacio distante,
triste espectáculo del peregrino
ensangrentado en medio
del sendero,
oscuro paisaje del horizonte
agónico,
coronado con
la esperanza marchita.

lunes, 6 de agosto de 2012

Evocaciones desde mi soledad



Mi recuerdo está
en cautiverio,
lidiando por segundos
eternos,
entre esperpentos ilusorios
y crudas vísceras intimidantes.

En un abismo aciago y olvidado,
una silueta delicada
y acogedora,
como un abrazo suave
después de la batalla,
se instaura en los dominios
de mi memoria,
dando un suspiro de alivio
a estremecimientos telúricos
que recorren
mis venas acongojadas.

Un actor afónico
en medio de un anfiteatro desolado;
un suicida con vértigo
sobre la azotea de un edificio;
un sobreviviente en el desierto
que clama al silencio por auxilio;
un anciano viudo que baila
con el aire,
aplastado por las tribulaciones.

De esta forma
elevo mis plegarias,
en la agonía del monólogo
frente al espejo
de epístolas que se acumulan
sin respuesta,
a la espera de contemplar
esa sonrisa,
que ansío despertar
con estos estropeados vocablos
(aunque la estética sufra de náuseas),
esperando comprensión
a mi humilde soliloquio,
deseando traspasar
las fronteras de la sangre
abandonada.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Semilla que germinó por tus abrazos



La sábana tendida en su pliegue justo
luego del reposo de tus patrones.
La ropa tersa bajo la humedad de la plancha
que otro cuerpo arrugó en sus trajines.
La loza impecable de rastros de comida
que otros saborearon.

Tus canas resplandecen
en la paciencia que irradia la serenidad
con que abnegadamente entregas tu vida
al servicio de la ajena
y tu sonrisa benevolente
es señal impertérrita
de los niños que crecieron
al amparo de tu cariñoso esmero.

Madre vicaria
que esparciste tu presencia
cuando el descuido paternal
amenazaba trizar las emociones.
Conservaste la sabiduría
de remotas tierras sureñas
que en los atardeceres melancólicos
clamaban tu susurro,
y en las horas solitarias
tu memoria era usurpada
por los demonios de la reminiscencia,
ávidos de torturar tu conciencia.

Suspiro del anhelo evaporado
que traspasó tu vientre,
abandonando al vacío la semilla
que concebiste en tu interior
y estampó en tu mirada la tristeza
de contemplar a tu hijo ausente
en los niños que criabas por encargo,
mientras esa vida de alquiler se preocupó
de mermar tus sentidos
y adormecer tus huesos,
ahora que te resignas adolorida
al sueño eterno
en el páramo
donde nadie habita .

Tus pasos no fueron en vano,
tus huellas se grabaron
indelebles en el camino.
en cada sonrisa acogedora.

En cada abrazo sincero
germinaste una semilla,
y aquella se nutrió de tu cariño.
Los niños a tu cuidado
ahora son hombres
que te rinden honores en su historia,
un sitial escogido alberga
tu bondad apacible,
dibujada en el escenario
reivindicatorio de la gratitud filial
pues tu mirada transparente
fue un caudal de cariño
que traspasó las fronteras
de la herencia de la sangre.

Ahora tu descendencia desplomará el olvido,
conservando cada una de tus palabras,
cada uno de tus gestos inconfundibles,
en la inmortal estancia
de la entrañable memoria.

lunes, 30 de julio de 2012

Crecimiento prematuro



Desde hace unos meses
hasta ahora,
he compartido con una mujer
de avidez por lo desconocido
y ojos lánguidos
de melancolía.

Sí, melancolía
que se escenifica en nuestras
piezas de tango
sufridas por el ser ausente,
que clama en su nostalgia por
la fiebre del apetito
carnal.

Mas hasta hoy nuestra danza
se había limitado a un juego
de niños
que descubrían sus cuerpos
desnudos, mientras
se perseguían en una pradera
estival.
Y la inocencia era
el péndulo que oscilaba
entre la ternura aséptica
y el candor retenido
en el interior de nuestros
cuerpos.

Porque en ella habitaba
una niña curiosa
y desvalida,
inconsciente del daño
que los azotes de la vida
le propinaban,
a la cual yo mimaba
con talante paternal,
como un balneario que
absorbía sus lágrimas.

Hasta que la realidad asumió
el peso que las circunstancias
le otorgaban,
el carácter evidente.

La niña creció
prematuramente,
como un submarino que
se resiste a ascender para
traspasar la superficie del océano,
y crece desmedido hasta
superar con creces las líneas
de su silueta original.

Insinuación desnuda,
que clavó su literalidad
en mi pacatería,
como una bala que atraviesa
la mantequilla,
súbitas palabras que
me dejaron absorto,
y dibujaron el semblante
de una mujer voluptuosa,
que en su beligerante sensualidad
cautiva acezante
a su presa, para satisfacer
su deseo.

Arremetida impulsiva,
bofetada violenta de verdad
que tapa con un sol el Dedo,
movimiento vertiginoso
que me despoja ipso facto
de mi atuendo de caballero
victoriano.

Mudo y sin palabras,
le digo que debemos
conversar al respecto,
estratagema ingenua que esgrimo
para ganar tiempo y
pensar la fórmula
de explicar lo inexplicable.

jueves, 26 de julio de 2012

Majestuosa sombra difusa



El niño juega con la mirada
expectante de ver
asomarse su figura.
De paso seguro,
talante enhiesto y mirada cálida,
que extiende en sus manos
el amparo donde la tempestad
se desvanece,
y le basta una palabra
de ronco eco
para inundar de plenitud
los anhelos infantiles.

Gigante de camisa y corbata
que regresas al hogar
en compañía del aroma
del frenesí callejero
que has dominado,
tus movimientos son acordes
de una sinfonía nocturna,
y tus posturas la reencarnación
de los cinceles clásicos.

Sócrates habla por tu boca
al pronunciar esas sentencias,
que son la semilla del equilibrio
y el engranaje de la razón.
La huella que dejas a tu paso
es piedra grabada
del código moral
por el cual me rijo.

Viejo Roble, que dejas circular
la savia de las palabras nobles
que auscultan la sabiduría universal,
te observo sereno en un sillón,
deleitándote con las historias
que te regalan tus libros,
y entonces ansío encontrarte
en las palabras impresas,
mientras mi imaginación te confunde
con un Raskolnikov
en calles de San Petersburgo
o lidiando con molinos
en parajes manchegos,
y mis manos desnudas sólo palpan
una sombra difusa, sin origen,
y mi mirada se pierde
en un horizonte nostálgico.

Hace años la familia
veraneaba en Viña del Mar,
y el plan fue un viaje por el día
al puerto de Valparaíso.
El círculo del reloj fue esa tarde
una soga que ahorcó mis anhelos;
los minutos apremiaron
hasta desesperarte
sin la condescendencia
del tiempo.

Atrasado en la estación de trenes,
la locomotora anunciaba
su partida en instantes,
mas por el retraso nos situamos
en el andén contrario,
y un abismo de rieles nos separaba
del tiempo en movimiento hacia
la estación del paraíso.

Lo recuerdo, bajaste hasta los durmientes
y te disponías a llevar
a tus hijos en brazos hasta el vagón.
Pero sólo alcanzaste a subir a mis hermanos,
y tú arriba emprendiste el viaje
en el tren de la ausencia,
mientras, de la mano de mi madre en el andén,
en mis ojos tu figura se desarmaba
estrepitosamente,
y en silencio me preguntaba
dónde está el gigante de camisa y corbata.

¿Dónde está mi padre, al que día a día
espero su regreso?

Los años pasan y un desierto
invade mis recuerdos.
Tu silueta en el umbral,
tus palabras sólidas como pilares de templo.
La sombra en la que encontraba
alivio y refugio,
son ahora un sabor anodino
que se dispersa
como bandada de pájaros.