sábado, 12 de enero de 2013

Trabajo de Artesanos



Difusión de obras literarias:
Trabajo de Artesanos
  • No basta con que un escritor publique un libro para luego sentarse en su escritorio a esperar que los críticos lo comenten. El autor debe realizar todo un trabajo previo considerando que la crítica no aumenta sustancialmente la venta de libros.

“Si alguien se queja porque no lo han comentado, yo le recordaría lo que es la primera tesis que siempre han planteado los escritores: yo escribo porque es lo que siento, es lo que necesito botar, no importa cómo opinen de mí”, sentencia Marcelo Cabello, editor de cultura y espectáculos y crítico literario del diario digital El Mostrador, ante el escenario hipotético de un escritor resentido por el trato de la crítica nacional.
Para Cabello hay ciertas etapas que un escritor se debe ganar antes de ser reseñado por un medio de comunicación. “No basta con decir publiqué y quiero que mi obra esté comentada, el trabajo no sólo termina cuando escribes y te editan. Yo soy de la idea de que el autor no debe quedarse encerrado en su pieza”, señala el editor de El Mostrador.
En este sentido, agrega que el escritor “también debe hacer un trabajo de mostrar su obra desde lo más pequeño, quizás participar en ferias literarias donde tiene que ir a leer, ser parte de actividades de cuenta cuentos, de talleres, postular a proyectos”.
Respecto al descontento de muchos incipientes escritores que acusan a la crítica de favorecer a ciertos autores reconocidos, Cabello aclara que “hay elementos básicos en el inconsciente de cada persona al momento de comentar algo”, por lo cual valida una cierta objetividad en la crítica. Sin embargo, reconoce que hay elementos presentes en ciertos libros que calan más profundo en los críticos, razón por la que cada comentarista tiene sus autores favoritos.
Sobre el mismo punto, Cabello señala que existe una selección en los libros a criticar y es enfático contra quienes lo acusen de elitista. “Yo no sé dónde está escrito que todo lo que se publica se tiene que comentar”, afirma. Siguiendo su argumento, agrega que “si vamos a criticar libros, vamos a tratar de seleccionar lo que, en general, es positivo”.
No obstante, el crítico literario indica que muchos comentaristas buscan voces nuevas en la literatura, generando un aporte a escritores potenciales que son las apuestas de las editoriales. “La mayor exposición de comentarios de libros tiene que ver con autores reconocidos, pero aun así uno puede encontrar en El Mercurio, en las revistas, en sitios y portales de Internet críticas de libros de gente desconocida”, aclara.
Consciente de la importancia que para los autores no consagrados significa una crítica literaria, Cabello asevera que “un autor desconocido que saca su primera obra va a ser agradecido de que salga un comentario, porque siempre tiene menos posibilidades de ser nuevamente publicado”.
Sin embargo, esta cobertura mediática de su libro no significa necesariamente un aumento de sus ventas. En este sentido, el editor de El Mostrador es claro en decir que “yo creo que no es decisiva la crítica en la evaluación que va a tener un lector a la hora de decidir si compra o no compra un libro”. Cabello argumenta su opinión justamente en el reconocimiento de los autores que generalmente tienen aquellos que circulan en librerías y son objeto de crítica.
En este sentido, Cabello agrega que “finalmente los comentarios les preocupan más a los autores que a los lectores, e incluso le preocupan más a las editoriales que a los lectores, porque en definitiva el negocio es más de los sellos que de los escritores, que solamente se llevan el 10 por ciento de las ventas de los libros”.
Sobre los criterios de objetividad que se manejan cuando el autor conoce al crítico, sea en caso de amistad o tirria,  Marcelo Cabello señala que “cuando se produce una crítica ácida, ponzoñosa y uno ve que en otros medios se da al revés, yo creo que eso termina devolviéndole la mano al propio comentarista”. Para el crítico de El Mostrador “el lector percibe que ahí hay algo más que en la crítica objetiva”.
En relación a este caso Cabello ejemplifica con la circunstancia que le ocurrió al destacado escritor nacional Poli Délano con su libro “Mi Tío Policarpo y Yo”. Un comentarista de libros de Las Últimas Noticias argumentó que los cuentos incluidos en ese volumen ayudaban a conciliar el sueño, a lo cual Délano prefirió abstenerse de enviar una misiva al diario, pues consideraba que esa crítica perdería legitimidad al ser contrastada con las publicadas en otros medios de comunicación, frente a lo cual se desprestigiaría el crítico de LUN.
Lejos de hacer un panegírico de su oficio, Marcelo Cabello admite falencias en los críticos literarios. “La crítica demuestra que va muy al ritmo de como son los tiempos de los medios de comunicación o del mismo mercado, que se hace con una inmediatez sorprendente. Se lanza el libro y a los dos o tres días se ven comentarios en distintos lados”, afirma. Sobre esta realidad, Cabello denuncia que en ciertas críticas literarias “falta rigurosidad, no se da el tiempo para una lectura reflexiva”. 

Santiago, segundo semestre de 2007

domingo, 6 de enero de 2013

Mensaje desde el fin del mundo



Vivi, mi amor, a menudo en estos
últimos días me has preguntado
por qué me enamoré de ti;
cuáles son tus encantos visibles y ocultos
que despertaron mi ternura;
tu atractivo, ¿en qué radica?

Y me sorprende que pese a estos
siete años juntos aún no tengas claridad
en este asunto.

Pues bien, como un torpe obsequio verbal,
pero escrito con sinceridad y genuino afecto, te digo:

Me había convertido en un ermitaño,
en un misántropo con ínfulas seudo intelectuales,
anacoreta en un sentido muy materialista,
y me despertaste del letargo emotivo.

Como si mis emociones fueran las articulaciones
del cuerpo humano, antaño atrofiadas,
anquilosadas por su falta de uso,
al punto que sospechaba haber olvidado
cómo hacerlas fluir.

Fue tu paciencia y comprensión,
como una enfermera en hospital de campaña,
la que vigorizó mis sentidos y emociones.

Segundo despertar a la vida, tal vez,
pero hubo mucho más que me encandiló a tu sonrisa.

Viviana, eres como aquella obra de Matisse,
donde cuerpos humanos hacen una ronda
con sus manos tomadas sobre
un colorido fondo que brinda reposo y confort
a los tonos pastel pletóricos de algarabía.

Un diván acogedor luego de la estresante jornada laboral;
siempre estás ahí para obsequiarme apoyo y compañía.

Como la persona que debió levantar el teléfono
cuando Marilyn Monroe llamó agonizante y desnuda
desde su lecho de muerte.

Mi dulce confidente, no sabes cómo ansío contarte
todos mis pensamientos y actos cotidianos
cuando paso un breve tiempo sin verte.

Hasta el día de hoy me emocionan
tus sencillos gestos, como tus caricias
suaves sobre mi rostro,
o tu cabeza descansando en mi hombro.

Creo que puedo definirte con precisión:
eres la persona que,
luego que el náufrago rendido
y con acechanzas de locura
en la última isla olvidada en el rincón
más arcano del planeta
lanza su súplica de vida en una botella
que se pierde en el océano,
recibes en una playa desierta
este trozo de vidrio y decides leer
el mensaje en su interior.

Tú otorgas sentido a mi vida
al ser yo consciente de que no soy
un desconocido anónimo en este mundo,
y aunque esté en el fin del mundo,
tú seguirás esperándome.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Hoy no se fía, mañana sí



Me gusta escribir en primera persona.
Los académicos dicen que
el periodista no debe hacerlo.
Una amiga poeta me señaló
que era signo de egolatría.

No sé, pero parece que mi única
motivación es contar mi historia, pues
¿no tendemos subjetivamente a creer
que nuestra historia es única e irrepetible y,
por ende, de gran relevancia?

Reflexiones como esta se hace
el protagonista de “Hijo de ladrón”,
luego de auscultar las subjetividades
de sus compañeros de celda,
cada cual autor de la hazaña criminal
más heroica e insólita.

Los pascuenses autodenominaban
su ínsula “El ombligo del mundo”.
Bueno, yo, como quienquiera se
le ocurra definirme,
suelo pecar de egolatría al mirarme
constantemente el ombligo.

Y desgraciadamente no está limpio,
sino al contrario: ciénaga pestilente
a frustraciones y amargura,
con el hedor a fracaso y sumisión.

La vida… es sueño, son los ríos
que van a dar a la mar, que es el morir,
¿quién diablos sabe?
Pero por breve que sea nuestra
vana existencia en la tierra
(o en el cielo), nos esmeramos
en encontrarle un sentido,
una finalidad.

Como decía, frustraciones.
Es que siento que mi paso por sete mundo
ha sido como una comedia de humor negro,
como una cámara indiscreta sin ética
ni pudor alguno, o como si Dios
(si es que existe) fuera uno de esos
patrones negreros que explotan
inmisericordemente a sus empleados
en tareas inútiles, sólo por diversión.

Y cuando estos se alegran
por el anhelo del merecido descanso
y la justa recompensa,
estalla el sarcástico jefe en una
carcajada sardónica que sepulta
las esperanzas de los prometido,
aquello que ellos ingenuamente
aceptaron a cambio de regalar
su sudor.

Así parece esta vida:
money for nothing, fuera de servicio;
hoy no se fía, mañana sí,
o si nos creemos filósofos,
“Esperando a Godot”.
Como si la Tierra Prometida fuera
equivalente a la democracia:
una promesa incumplida
desde su gestación.

Pero hay que comer, abrigarse y dormir.
La vida no ofrece permisos administrativos
ni vacaciones con sueldo.

“Paren este mundo que me quiero bajar”.
Tonto iluso. Sobrevive mientras puedas
antes que te devore el pez gordo.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Nostalgia involutiva



“Pues siempre podremos estar en un día que
no es ayer ni mañana,
mirando el cielo nacido tras la lluvia
y escuchando a lo lejos
un leve deslizarse de remos en el agua”,
Jorge Teillier.

Cuando le robamos al tiempo
una estancia bucólica donde solazarnos,
mirando el vuelo de una mosca,
nuestro peregrino viaja liviano
a los yermos que nos invitan
a dar los tímidos primeros pasos
de la vida.

Soñar que el horizonte es una playa virgen,
sin principio ni fin,
donde está permitido comer en ausencia
de nuestra sombra,
y sin dejar huellas en la arena.

Entonces, de súbito,
sentimos el vuelo rasante
de los aviones de la muerte,
y los momentos siembran así sus semillas,
les tuvimos miedo, temblamos,
y en esto se nos va la vida,
como versa la paradigmática canción.

Luego el sudor frío sobre nuestras frentes,
y el desánimo como un plomo
sobre nuestra voluntad,
al vislumbrar con tedio la rutina monótona
ajustada a nuestro torso
como camisa de fuerza.

Sentimos el solapado rechinar de dientes
ahogarse bajo el sonido del adusto
movimiento del péndulo
del reloj de muro
sobre nuestras cabezas,
apenas sostenido por el hilo de crin,
cual espada de Damocles.

martes, 4 de diciembre de 2012

Hipotecar los sueños



El horizonte está por una neblina
que asegura un bienestar económico
y un privilegiado estatus social.
El hombre se despierta
por la fuerza monótona de la inercia;
besa a su mujer con el afecto
del tedio mecánico;
se abstrae la tarde entera
en un engranaje laboral
que exhuma anhelos de juventud.

La memoria de los ideales nobles
yacen marchitos;
fueron capitalizados en la seguridad
de una vejez digna, almacenada
en la más prestigiosa financiera
de fondos mutuos.

Este sujeto cavila un momento.
Idealiza el escenario
de su potencial vida
de no haber sido truncada
por el capricho mezquino
del orgullo de los poderosos.

Su hoja de vida está limpia como cutis de virgen,
mas su espíritu frustrado como savia de bonsái.
La felicidad tiene valor de cambio
y él la transa en la bolsa de valores.

Su existencia trascurre en
una vivienda espuria,
pletórica de guirnaldas torcidas
y flores de artificio.

Por la noches llora en silencio
constatando la ausencia
de la bailarina de temple acongojado,
quien seguramente ahora tropieza
en su danza debido
a la tormenta acústica.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Dormir abrazados



Nos tendemos en la cama
desordenada,
a la caída del ocaso,
abrazados, exuberantes de arrumacos,
sintiendo que la desnudez
de nuestros cuerpos teje una textura
de piel indestructible al paso
de los años.

Tal vez la semilla de este
encuentro carnal crecerá libre
y desenvuelta,
indemne a los embates
del destino insidioso.

Tal vez la memoria de esta
amorosa unión se consagre
en los anales del tiempo,
y se conserve incólume
al dolor de la ausencia
infligida por la imposición
forzosa de la distancia.

Entonces, ¡qué libres seremos
en el sentimiento tierno de la caricia
que no se doblega a la tiranía
del orgullo mezquino!

Sellemos con un beso
la pasión auténtica,
que prevalecerá a la erosión
caprichosa sobre la ciudad
de los suspiros primaverales.

Ahora nadie podrá enajenar nuestros cuerpos
confundidos en el cariño de un abrazo sincero.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Camino a Til- Til



En la nostalgia quedaron las imágenes
de las gallardas hazañas que deslumbraban
a los vecinos, gracias a mi desafiante
osadía frente a la autoridad real.

El cariño de mis compatriotas
se desvanecerá en el recuerdo
de la figura del prócer
que no se intimidó ante
la furia del poderoso.

Mas la arremetida del gobernador
fue certera hasta acorralarme
incluso en mis lucubraciones libertarias
más íntimas;
y mientras los soldados reales
me guían ahora con celo,
añoro estar entre los brazos
de mi doncella de mirada
efervescente.

Me lamento al pensar en mis días
de camaradería campesinos
de la singularidad postergada
por la elite gobernante,
que constituyen la esencia
más granada del pueblo chileno.

Lloro en silencio por la senda truncada
del forjamiento de mi patria libre,
abortada cobardemente por intereses mezquinos.

Hubo un día en que arremetí insolente
en la Casa de Gobierno,
atravesando de golpe las puertas
con mi corcel, y en medio
del salón plenario, proclamé:
“Aún tenemos patria, ciudadanos”.

Pero ahora los sueños de redención
han sido pulverizados por
el capricho y el apetito desmedido
de poder del gobernador.

Tal vez el brillo de mi mirada
se conserve intacto en la luz
de las estrellas que contemplen
los enamorados en sus noches
de pasión.

La mujer que anidaba mis ideales
será recluida al castigo de mi ausencia
y la tortuosa soledad conminada.

No me engaño, voy camino a Til- Til
y sé cuál es mi destino.