jueves, 25 de septiembre de 2014

Brisa marina



A la poeta Bárbara Délano

También vi caer la nieve
sobre los duraznos desnudos
en el Jardín de mi infancia
y era pequeño, la melena con chasquilla
el Jardín extendió sus límites
traspasando las fronteras del mundo
y no sentí la brisa salobre de la playa
ni hundí mis pies en el mar de nieve
ardiente.

Los pasillos de mi casa eran un laberinto
cada pieza una estación olvidada
a las ocho de la tarde llegaba mi padre cansado
y en la cena familiar el televisor
exhibía imágenes desvaídas
reflejos imperfectos de las sombras.

Mi madre develó como un juego
la farsa patriota del Capitán General
y avanzados los años en el colegio
los rumores adquirían apariencia
cada vez más real.

Pude ver insomnes mudos los rostros
sin orillas flotando sin destino
en fotografías de la prensa clandestina
puedo verte
danzando sin cabeza
desnudo sobre las olas llameantes
mas desconozco tu nombre
no eres mi amigo, tampoco un familiar.
Muchos años después entendí:
las palabras ya no designan
objetos ni situaciones.

La bóveda del mar era un chisme
no rozaba mi piel
memorizaba historias y causas judiciales
y una niebla de pureza me acompañaba
distorsionaba los contornos
del pavimento escabroso y de la carne
putrefacta.
Angelito que sigue soñando con el Paraíso
enclaustrado en ficciones
historias en Tecnicolor:
el áspero rigor de la brisa marina
siempre llega
inevitable como la muerte.

Pagamos en este mundo la dulzura
de los duraznos bajo la nieve.

viernes, 29 de agosto de 2014

Tránsito histórico




Juventud adolescente, idealismo como espuma,
la savia social corre por la sangre, pensamiento
en formación,
aulas universitarias construyendo teorías.

El pasado inmediato empuja hacia las olas,
grandes discursos se tienden como puentes,
el materialismo histórico solidifica una meseta
práctica, sobre la cual otear
el paisaje circundante.

Gen adherido, raíz atávica que proyecta
sombras chinas,
biografía personificada en el escenario.

Pero el cisma teórico, la fuerza telúrica
que desarma la Modernidad
no puede obviarse,
polen estival que atraviesa ventanas
y postigos,
y hay que asirse a una etiqueta
para mantenerse a flote.

La poesía es el discurso de la tribu,
corriente subterránea
sobre ella descansan las ciudades,
pan de cada día
pese a que no sea grato al paladar
de todos.

Navegar con la corriente o morir,
el poeta es instrumento vocal de su época,
rasguñar la tierra para dejar huella,
el oficio de escribir no puede ser
trozo de género que se arranca al tejido
del orbe.

Sin embargo yo me siento parte del todo,
un granito más de la ingente playa,
desconfío del vate mesiánico
y de los profetas modernos.

Escribo para drenar mi verdad
contenida entre retazos biográficos,
algunos de algarabía, otros traumas
dolorosos,
un plasmar la sombra inconsciente.
El Tiempo y la Vida se encargarán
de dar forma a los grandes discursos
o diseccionarlos como piezas de museo,
un tránsito histórico
soy sólo un espectador.

jueves, 21 de agosto de 2014

Distancia intelectual


Instinto de vida arrabalero, los Bajos Fondos desprecian
la vida acomodada:
el riesgo, la gallardía, zonas inseguras; torbellino que aturde,
sin lugar al pensamiento ni al sosiego.

El hábitat natural del poeta es la marginalidad,
ser consecuentes acarrea sacrificios abnegados,
la vida del pobre puede ser muy sabia,
voluntad que envejece.
No se puede jugar al burgués fariseo,
y rendir cuentas a la vida sólo bajo el chorro
de las luminarias.

Hijos del tránsito histórico, víctimas de las circunstancias:
los cerdos son conscientes del afrecho
que le ofrecen los humanos.
Palacio de espejos circense, la fisonomía se disuelve
en máscaras de carne prestadas.

(el determinismo no pasa de ser un enunciado)

Antaño, por tierras edénicas
que atraviesan el lar,
solía rendirle tributo a las manos de Dios, marioneta
dócil y sumisa,
pasividad que se rebela al seducir los hilos.

(Pirandello llora desconsolado, sus personajes
se han emancipado)

Dueño de mis actos, capitán de mi destino,
quise ser el arquitecto de mi propia urbe,
mas el Peso de la Noche aplastó
mi peregrinar.

Aire,
Tierra,
Cielo,
Escombros,
las antípodas se divierten jugando a las escondidas,
y no son más que asientos de la rueda de la fortuna
del gran circo de la vida:
los niños ríen, se divierten.

Estamos condenados a nuestra libertad

Albert Camus increpa hasta la saciedad
la hipocresía de alcurnia de Jean- Paul Sartre:
él creció en poblaciones argelinas,
su rival se rodeó de una magnífica biblioteca,
distancia del conocimiento erudito.

Nadie quiere escupir en su acta de nacimiento,
ni olvidar los paisajes de infancia:
buscamos transparentar el pensamiento
que carece del olor de las callejuelas.

viernes, 15 de agosto de 2014

A la sombra de un Roble


Dos gotas, ¿mellizos?

Nos vestían iguales, la misma melena, la chasquilla,
el jardín de los senderos se bifurca.

Luis Alejandro siempre fue mal alumno no obstante,
sociable, entretenido.
Yo admiraba la sombra de mi padre.
Leía, me encantaba leer.

El hermano mayor abre caminos y compite.
Golpe a tierra, meseta que se quiebra,
hay que equilibrar:
poco importa si estás en desmedro o privilegio.

Luis Alejandro siempre mostró interés por el dinero,
yo ensayaba acrobacias en el aire.

El pecado de Caín fue la envidia, el primogénito
es capaz de fundar metrópolis,
abrigar a la descendencia:
no siempre cuenta con el padre.

A la sombra del Roble,
Luis Alejandro me miraba desconfiado,
cimentaba su imperio en la carencia.

Los celos, un prisma engañoso, ilusión
óptica.

Timón a babor- estribor- babor…
el otoño del patriarca
-nos quedamos con las manos vacías,
mi amor. Tenemos que vivir.

Luis Alejandro fue astuto,
adquirió acciones en la Bolsa en tiempos de crisis.
(Luis Alejandro vagó por tierras baldías)

Algunas noches mi hermano llama,
y ajusta el collar sobre mi cuello.

La vida le ha cobrado la factura:
soy su consejero,
lo invito a pasear por el Parque Forestal
y olvido darme cuenta que no escucha.

viernes, 8 de agosto de 2014

Niña insidiosa


Te conocía tan frágil, Paloma.
Translúcida, creí que la brisa te haría levitar.
Me aventajabas en edad, mas la dulzura
emanaba por tus poros.

Vulnerable,
fui un manto protector.
Juego de ilusiones, errores pueriles:
compañía.

El perfume de tu sensualidad,
cadencia exquisita de tu experiencia en el lecho
la de pasión,
me hicieron delirar ardiente tras la promesa,
comezón de sinuosidades que embrujó mi inocencia,
deseo que anidó en páramo estéril, famélico:
me negaste la sal y el agua.

Como un adolescente salí a la calle en tu búsqueda.
Te encontré haciendo el amor con un desconocido.

En ese momento, con tu rostro en mi retina,
adorada Maldísima,
decidí instalarme a vivir en la Plaza de Armas.

viernes, 25 de julio de 2014

Las habitaciones


Pieza oscura, máquina del tiempo, entrar y salir,
de jugar a la pelota en la calle
a vivir un romance infiel.

La casa familiar tiene largos pasillos,
habitaciones que conducen a diferentes
tiempos,
mis consanguíneos siguen viendo al niño
de pantalones cortos y melena con chasquilla,
otros invitados a mi biografía ven a un hombre extraño,
de mirada ingenua y perspectiva punzante.

Hombre de mediana edad,
luce abrigo y bufanda,
lo envuelve un aire de misterio, un tanto depresivo,
un tanto seductor, otros lo ignoran,
les nace cierto escepticismo verle pasar.

Como si el niño que hay en mi interior camina
cómodamente en la senda del establishment,
el adulto visita los prostíbulos de la periferia.

Incisivo en sus comentarios, tal vez resentido,
ironías mordaces que causan escozor,
mira con desdén las flores del antejardín,
el rumor proclama que sólo ve belleza en las cloacas.

Cuando Gonzalo- hombre se embarca en una
aventura seria
Gonzalo- niño siente miedo:
El adulto duda de su madurez.

Puertas que se abren,
entradas y salidas de las habitaciones,
niño y hombre se buscan y jamás
se encuentran.

jueves, 17 de julio de 2014

Bonsái


Al escritor Alejandro Zambra

Albert Camus intenta resolver un puzle
bajo el chorro de luz de una lámpara mortecina,
el cigarro se consume en el cenicero.
A la misma hora,
Jean- Paul Sartre engrilleta sus manos
en nombre de la libertad.

Esta es la historia de un roble infante,
bonsái de raíces fuertes y copa evanescente.

Julio ama a Emilia, mas
sabe bien que consumará su deseo
con una pelirroja risueña, una morena
de pelo largo o una rubia exuberante.

El narrador omnisciente se arrellana satisfecho
en su sillón de felpa.

Los dados están echados,
pero nadie nos invitó a esta partida.
Pasión inútil, esfuerzos vanos que se deshacen
al más burdo complot.

El niño está tendido mirando las estrellas.

Julio lee la historia de un amor ficticio,
el trébol de Tantalia que se pierde entre la
multitud de sus pares,
sueña ascender los escaños de Machu Picchu,
presiente que las ruinas descansan en el dolor.

El desenlace de este madrigal no nos pertenece,
Julio está obligado a crecer hacia abajo.