viernes, 8 de agosto de 2014

Niña insidiosa


Te conocía tan frágil, Paloma.
Translúcida, creí que la brisa te haría levitar.
Me aventajabas en edad, mas la dulzura
emanaba por tus poros.

Vulnerable,
fui un manto protector.
Juego de ilusiones, errores pueriles:
compañía.

El perfume de tu sensualidad,
cadencia exquisita de tu experiencia en el lecho
la de pasión,
me hicieron delirar ardiente tras la promesa,
comezón de sinuosidades que embrujó mi inocencia,
deseo que anidó en páramo estéril, famélico:
me negaste la sal y el agua.

Como un adolescente salí a la calle en tu búsqueda.
Te encontré haciendo el amor con un desconocido.

En ese momento, con tu rostro en mi retina,
adorada Maldísima,
decidí instalarme a vivir en la Plaza de Armas.

viernes, 25 de julio de 2014

Las habitaciones


Pieza oscura, máquina del tiempo, entrar y salir,
de jugar a la pelota en la calle
a vivir un romance infiel.

La casa familiar tiene largos pasillos,
habitaciones que conducen a diferentes
tiempos,
mis consanguíneos siguen viendo al niño
de pantalones cortos y melena con chasquilla,
otros invitados a mi biografía ven a un hombre extraño,
de mirada ingenua y perspectiva punzante.

Hombre de mediana edad,
luce abrigo y bufanda,
lo envuelve un aire de misterio, un tanto depresivo,
un tanto seductor, otros lo ignoran,
les nace cierto escepticismo verle pasar.

Como si el niño que hay en mi interior camina
cómodamente en la senda del establishment,
el adulto visita los prostíbulos de la periferia.

Incisivo en sus comentarios, tal vez resentido,
ironías mordaces que causan escozor,
mira con desdén las flores del antejardín,
el rumor proclama que sólo ve belleza en las cloacas.

Cuando Gonzalo- hombre se embarca en una
aventura seria
Gonzalo- niño siente miedo:
El adulto duda de su madurez.

Puertas que se abren,
entradas y salidas de las habitaciones,
niño y hombre se buscan y jamás
se encuentran.

jueves, 17 de julio de 2014

Bonsái


Al escritor Alejandro Zambra

Albert Camus intenta resolver un puzle
bajo el chorro de luz de una lámpara mortecina,
el cigarro se consume en el cenicero.
A la misma hora,
Jean- Paul Sartre engrilleta sus manos
en nombre de la libertad.

Esta es la historia de un roble infante,
bonsái de raíces fuertes y copa evanescente.

Julio ama a Emilia, mas
sabe bien que consumará su deseo
con una pelirroja risueña, una morena
de pelo largo o una rubia exuberante.

El narrador omnisciente se arrellana satisfecho
en su sillón de felpa.

Los dados están echados,
pero nadie nos invitó a esta partida.
Pasión inútil, esfuerzos vanos que se deshacen
al más burdo complot.

El niño está tendido mirando las estrellas.

Julio lee la historia de un amor ficticio,
el trébol de Tantalia que se pierde entre la
multitud de sus pares,
sueña ascender los escaños de Machu Picchu,
presiente que las ruinas descansan en el dolor.

El desenlace de este madrigal no nos pertenece,
Julio está obligado a crecer hacia abajo.

lunes, 30 de junio de 2014

Enigma risueño


Hace años Wittgenstein, y gran parte de la
filosofía moderna,
lo establecieron con claridad:
el lenguaje está cercado en
sus límites.

Tú disfrutabas tanto al recordar el aforismo.

¿Cómo lo haces, amiga?

A veces creo que logras ver al niño recluido
tras el cristal empañado.

Pensamientos que traspasan la barrera de
la imaginación.

Puede ser, tal vez sólo se trate de un
amor platónico:
infante soñador que proyecta sus anhelos
en tus gráciles curvas,
     en tu sonrisa magnética.

Los madrigales desde hace mucho yacen
bajo tierra.
Tanta cursilería, rimas dulzonas,
pueriles palabras.

Sin embargo, no logro entender qué mundos
descubres tras mis pupilas.

No te culpo, los días transcurren
y ya no estás en edad
de pasear a un mozuelo de la mano
por jardines edénicos.

Travesía


La locomotora lanza suspiros,
combustión incesante de
cruces.
El peregrino atravesó el
desierto,
pero los granos de arena
eran gotas petrificadas
de sudor.

Condenado a archivar tu risa en la penumbra.

Una trapecista desafiando
las alturas,
la soga es un trozo de
horizonte,
en tierra firme la sostengo:
lagrimas de arena se acumulan
en los relojes.

Condenado a archivar tu risa en la penumbra.

Las sábanas fueron zurcidas
con legajos de proyectos.
Temo que al despertar el invierno
toque a la puerta, sediento,
a pedir albergue.

Condenado a archivar tu risa en la penumbra. 

lunes, 16 de junio de 2014

Cavilaciones


He nacido varias veces:
el día de la muerte de Cristo,
cuando Dios estaba enfermo,
pero muy enfermo, mas
la estrella que me guía
por el desierto,
ha sido la misma.

Volutas de cigarrillo en la penumbra,
paseos otoñales por el parque,
atardeceres en el planeta del Principito.

Sangre que rehúyo y necesito,
circulación planetaria en la noche cósmica,
el papel sólo me ofrece esta textura,
mientras Cortázar sonríe con desgano.

Titubeante, indeciso,
llegar al lugar
o a ninguna parte.
Sólo afloro rostros incompletos,
con trágico sino, por cierto,
como Edgar Allan Poe que abraza
el cadáver de Anabel Lee.

Aritmética estéril


“La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado
a su lado y saber que nunca lo podrás tener”,
Gabriel García Márquez.



Contemplar los ojos de la mujer amada,
Sus pupilas son agujeros negros, voraz
 la emoción.

Suena la última llamada
es el vuelo al final del mundo.

En la escuela nos dijeron:
la vida es acumulación aditiva:
suma grados académicos,
viajes,
autos deportivos,
casa en Cachagua,
MBA,
seguro de vida,
ahorro previsional,
hipoteca,
colegiaturas.

La aritmética no resiste el espesor
de la sangre.

Observo a mi mujer
la separación es inminente:
imposible frenar el crepúsculo.

Puedes perder todo en una noche de juego,
multiplicar tus bienes en la bolsa de valores,
dividir las hectáreas de tu propiedad entre
los hijos,
sumar canas y restar vigor a tus días,
luchar por un mundo más justo
y recibir la condena del Infierno.

Raya para la suma:

¿Qué queda, entonces?

Ganar y perder
resignarse al dolor,
alzar con soberbia, no hay medida

melancolía sólo queda.