martes, 8 de mayo de 2012

Apátrida



Naciste con una cruz
sobre tus hombros,
y el susurro de un lamento
te acompaña día y noche.
(En tus ojos, un prisionero
encadenado,
con grilletes en sus manos y pies,
es torturado sin piedad).

Fuiste echado al mundo
con la promesa solemne
del derecho a disfrutar con libertad
los frutos de la Tierra,
y ser juzgado sin
un testigo parcial.

Sin embargo,
en conversaciones de pasillo,
se te enrostra en tu ausencia
ser una marioneta
gobernada por el sarcasmo a la razón,
y que las yemas de tus dedos
no distinguen
entre el filo de un puñal
y la delicada piel de una mujer.

Entonces las puertas que conducen
a los banquetes de honor
y las conversaciones cotidianas,
permanecen cerradas a tu paso,
y el único saludo protocolar
que te brindan
es una sonrisa de burla.

Un itinerario en soledad
es tu condena
por alzar la voz,
cuando el sentido común
ordenaba guardar silencio.

Y no encontrarás asilo
en la embajada de la caridad
que no existe,
-desengáñate -,
es sólo el atuendo
del fariseo
que ostenta entre sus vecinos
por las mañanas dominicales.

No ha sido contemplado
por los hombres
un lugar donde puedas
cultivar tus raíces.

Apátrida
en medio de la multitud
anónima,
perderás el rumbo
de tus pasos.

domingo, 6 de mayo de 2012

Minotauros anónimos



Esta sociedad alardea,
se hincha el pecho de orgullo
hasta la saciedad,
gritando a los cuatro vientos
el encomiable espíritu de libertad que
respiran
sus ciudadanos.

Mas es triste ver cómo
los soldados del regimiento día a día
izan la bandera de este
nebuloso valor,
al son de desaliñados acordes
del himno
que canta a la ambigüedad
e hipocresía
maquillados.

No sostengo que la población mundial
sobreviva atrapada en una
ceguera inconsciente;
ni exclamo diatribas
en contra de John Stuart Mill,
o proclamo llamados a destruir
las estatuas de Milton Friedman
en las plazas públicas,
pero mi humilde prima íntimo
no distingue las formas y relieves
como la publicidad estadounidense
de la década de los 50,
en la prosperidad hogareña
del American way of life.

A mí me queda el amargo sabor
de la frustración y la
impotencia,
de que nos cercenaron
las alas
justo cuando nos disponíamos
a emprender el vuelo.

Tal era el pensamiento de
Stella Díaz Varín,
según sus cercanos,
esa idea subversiva
de que aquella pequeña cuota de felicidad
que nos brindaría la satisfacción de una vida plena,
es negada por los poderes
de forma arbitraria y deliberada.

Cual marionetas de poderes anónimos,
que nos eximen de responsabilidad y culpa,
somos minotauros anónimos,
desesperados por encontrar la salida
al laberinto,
antes que caiga la noche
y sucumba al miedo a la hipotermia,
por el frío de soledad,
no siempre contando con el dulce
y femenino
hilo de Adriana
que nos redima.

La vida no es, sin embargo,
el soliloquio mental
de las ideaciones suicidas de Meursault.
Aún queda mucho por vivir,
pese que nos ofrezcan las migajas.

Como en la parábola bíblica
donde el Señor Jesucristo le explica a un fiel
que el banquete es sólo para el pueblo judío,
y él le responde que los perros de la hacienda
se contentan con las migajas de la sobremesa.

He aprendido a disfrutar de los
pequeños placeres,
los fugaces momentos
de felicidad,
el modesto confort;
y no me preocupa mayormente
la opulencia de la cual otros ostentan.

Sin embargo,
es el aborto previo a la concepción
lo que me quita el sueño;
ese sadismo de obesos henchidos
en manjares
que disfrutan provocando
inanición.

sábado, 5 de mayo de 2012

El péndulo estático



El hombre se sienta frente a la ventana
a esperar el atardecer,
mientras el sol congela su movimiento
tiñendo el horizonte de una luz regular.

Sobre sus pies un diario de hoy
que se niega a leer;
a lo lejos un niño que corre a los brazos de su madre
y desiste con rostro desganado.

Su memoria viaja por hazañas heroicas
que ahora son meras costumbres de hábitos.

Un matrimonio se besa efusivo y,
luego de tenderse en la cama,
fuman distanciados en cada esquina.

Una mujer da a luz
y el padre calcula, impertérrito,
los costos de la crianza del recién nacido.

El amanecer es un trámite que se acumula al tedio de la rutina.

Entre la pradera y el desierto
el hombre se recuesta
a observar el movimiento del péndulo,
y constata que el vaivén cesó
homologando los estados de ánimo.

El tiempo es una mecedora que no hace crujir
la madera sobre la cual se balancea;
el asombro abandonó a Hércules,
que ejecuta con hastío y monotonía
sus doce trabajos.

martes, 1 de mayo de 2012

Una delicada rosa sin espinas



Ella es como una delicada copa
de cristal:
frágil, graciosa y transparente.
La luz la atraviesa
y maravillosas formas
se proyectan en el cielo.

Un elefante noble sostiene
al bondadoso monarca;
provee a su leal pueblo
con dádivas y agasajos.

El altruismo que la corona
acaricia pródigamente
a todos los afortunados
beneficiarios de su dulzura.

Un globo aerostático
con forma de pez
sobre un ciclista.

Las alas del idealismo
encumbran a los hombres;
trasgresión solemne del medio acuático
a la pureza celeste del aire.

La semilla se cultiva
en tierra fértil,
de promesa abundante.
Florecen botones
de rosas hermosas
e inofensivas.
La sangre recorre
su sinuoso y delicado
cuerpo.
El sudor en la frente
barniza lienzos
con imágenes etéreas,
femeninas.

Sutil murmullo cadencioso
se graba en el papel
con pluma liviana;
evocación de seres amables
descansan dócilmente
en paraísos acogedores.

Soy un hombre hosco y bruto,
desconozco cómo tratar
a una flor
que brota en el desierto.
Mis manos son ásperas
y hieren sus lozanos
capullos.
Invoco a la misericordia,
suplico a la piedad,
prometo enderezar el horizonte
para su merecido descanso.

Me aterra la idea de que su fragancia se marchite.