“Si un árbol cae en el bosque y nadie lo escucha, ¿hace ruido?”,
George Berkeley
Anillos conforman el esqueleto del roble
único vestigio de su crecimiento
invisibles a quienes circundan el bosque
tejido de memoria de épocas pretéritas
luz y sombras, dicha y frustración, vaivenes
secretos de traumas y placeres clandestinos.
Una vez caído el árbol, el corte transversal
revela pormenores de esa vida inmóvil
rugosidades desconocidas, rumores y mitos
panorama apreciable en su humanidad
alimento de minerales en un bosque remoto.
Sólo el roble sabe los avatares
que atraviesan el interior de su tronco
la savia que lo hidrata
dulce o amargo sabor al paladar.
Puede que los leñadores culminen el ciclo vital
de forma arbitraria, sin aviso
y la madera del roble sea procesada
insumo de celulosa, convertida en papel
que termine en ingentes prensas rotativas
imprimirán ediciones de libros best seller
las memorias prohibidas el roble
cuyo autor sea un escritorzuelo fantasma
de dudosa reputación e intenciones.
No hay razón para alarmarse
qué importancia tiene, si a fin de cuentas
la gente cree lo que quiere creer.

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