domingo, 10 de febrero de 2013

Reclusión diurna



El movimiento de la luz es tan tenue,
apenas perceptible, y sólo una
tibia sensación cala en mi retina
gracias al contraste de este silencio dominical
que se extiende como telón de fondo.

Por la ventana de mi dormitorio
se ve el muro divisorio del edificio vecino,
y más atrás una alta edificación moderna,
recientemente construida,
y cuyos trabajos de albañilería trajeron
más de un estrago a nuestro hogar.

Los ratones se apoderaron
de nuestro departamento,
y durante el día jugábamos a la caza.
Por las noches nos atrincherábamos
con las ventanas cerradas,
y el calor sofocaba nuestros sueños.

Hay poco movimiento esta tarde;
tan sólo las rutinas de las tareas domésticas:
lavar los platos, cambiar la bolsa de basura,
encender luces al atardecer,
mojarse la cara para sentirse vivo.

Todo a un ritmo cansino,
alternando la lectura de un libro
de ensayos de Zambra y la revista
periódica de las redes sociales
en el computador.

Y cada breves instantes los pensamientos
se hacen humo a medida que los expulso
de mi boca, con cada bocanada
de  mi cigarrillo.

He sabido de ti, sin embargo.
Que convenciste a tu novio de que
siguiera una psicoterapia
por su alcoholismo;
que tu hija se divierte en el
puerto de Valparaíso junto a su padre;
que tu familia reposa en paz bucólica
este día de ocio.

Y a pesar de todo a mí me sobra
el tiempo. Mis deberes académicos
están en una pausa estival,
los quehaceres del hogar están cumplidos,
la vida social un tanto postergada,
y el futuro me mira incrédulo.
Ya se cansó de conjeturar
sobre mis acciones a seguir.

No quiero salir a la calle
a ver a los automóviles inmóviles,
a las aves hastiadas de trinar,
a los jubilados en la plaza
mendigar migajas de pan.

Hubo otro tiempo lleno de promesas,
de hilarantes y enriquecedores destinos,
y mi ansiedad se suspendía en la espera.

Es hora de prepararme la once,
de tostar una marraqueta
y beber una taza de leche.
No sé qué alimentos ingeriré mañana
ni al día siguiente de mañana.
Tampoco estoy seguro si ahora desearía
probar aquel estupendo banquete
que me prometieran años atrás.

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Rodrigo, no sé exactamente a qué te refieres con tu pregunta. Si es que encuentras mi poema un poco doméstico, es justamente lo que buscaba: escribir sobre la rutina cotidiana en el hogar, dejando entrever, por cierto, otras emociones que inundaron mis pensamientos durante esta tarde que acaba de pasar. Valoro mucho el poetizar sobre los pequeños actos de la vida.

      Ahora, si tu pregunta alude a que mis labores domésticas son mínimas, claro que te encuentro razón. No estoy muy atareado en casa, y más bien incluí esas pequeñas labores para crear un ambiente cotidiano, común, del diario vivir.

      Saludos

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