jueves, 9 de octubre de 2025

Trump y la Tierra Prometida



 
Pogromos asolaban a judíos esparcidos
tras la diáspora, en Rusia y Europa
Arthur Balfour, ministro de Relaciones Exteriores británico
recoge el guante y publica
insigne declaración dirigida a nada menos que
la Federación Sionista de Gran Bretaña e Irlanda
“hogar nacional” para el pueblo judío
en Palestina, la Tierra Prometida por Yahveh.
 
Tras el Holocausto, Naciones Unidas
materializa el anhelo de hebreos diseminados.
 
No consideró Balfour el sagrado principio
autodeterminación de los pueblos, árabes palestinos.
 
Colonialismo europeo que enriqueció naciones
la así llamada acumulación original
con descaro Occidente criminalizó por años
la Organización para la Liberación de Palestina.
 
Menuda novedad, Estados Unidos
colonia británica en América
extiende sus tentáculos durante el siglo XX
América Latina su patio trasero
Cuba, burdel y casino de juegos hasta los 60
It’s really funny, darling.
 
Invade Irak el 2003 con el pretexto
existencia de armas de destrucción masiva
no fueron halladas, salvo oro negro
Israel, gendarme de los yanquis
en zonas de terrorismo islámico.
 
Para coronar la torta, colofón dorado
durante el genocidio en Gaza
Donald Trump se otorga el lujo
valiéndose de la Inteligencia Artificial
al publicar un video de las playas árabes
resort en Palestina, complejo turístico
estatua gigante de su narcisismo criminal.
 
Elon Musk degustando humus en la arena
Presidente del imperialismo brinda
junto a Netanyahu en la Riviera.
 
La sangre provocada por el terrorismo de Estado
y la desfachatez han sido eliminadas
mediante pixelación sofisticada de la moral.
 

lunes, 6 de octubre de 2025

Herencia generacional


 

Patrones de conducta heredados
generación tras generación, traumas
hechos disruptivos, desviaciones
costras en tierra seca, polvo eres…
herederos del linaje incapaces de aprender.
 
Pueblo judío, Abraham estableció la alianza
mandato directo de Yahveh
víctimas de persecución por siglos
egipcios, filisteos, romanos
famélicos en cámaras de gas, Auschwitz
el Holocausto busca la solución final.
 
Resiliencia y sabiduría
sal y agua en el Estado de Israel
niños en la Franja de Gaza
mueren de inanición frente al bloqueo
Netanyahu se erige como genocida
complicidad de naciones europeas
Trump y sus secuaces frotan sus manos.
 
Olvida Netanyahu la sapiencia de su linaje
el dolor de sus antepasados en campos de exterminio
aquel que lucha contra monstruos
corre el serio peligro de convertirse en uno de ellos.


sábado, 20 de septiembre de 2025

Bandada

 


Por las tardes en la arena
tiendo mi cuerpo boca arriba, sereno
el cielo expande su luminosidad
en mi retina, nubes rasgan sus formas
al compás de mis recuerdos y visiones.
 
Murmullo de mar que interrumpe su candencia
una bandada de pájaros irrumpe de golpe
observo las formas en sus patrones
que las aves dibujan al migrar
y protegerse del ataque depredador.
 
Las formas se confunden, escenas de infancia
juventud y heridas. La muchacha esquiva
los reproches del padre, siempre enfundado
en terno y corbata, llantos de niño
a puertas cerradas, habitación oscura.
 
Los pájaros se repliegan
vuelven a organizarse en nuevas formas
enjambre de la memoria que intento
recolectar cual economía de subsistencia
arqueología del inconsciente tratando
plasmar en el lienzo de esta playa
figuras que sanen cicatrices invisibles.

 


miércoles, 10 de septiembre de 2025

La palabra encriptada


 

Me pregunto quién petrificó las palabras
ahora recónditas en el sótano del hogar
intento extraerlas nítidas, buril y cincel.
 
La sangre corre por los pasillos.
 
Tal vez portazos, insultos
la taza que se quebró entre las discusiones
dientes apretados, un disparo en la mirada.
 
O quizás simplemente no fue obra de los ruidos
el silencio encriptó el léxico incluso antes
siquiera de pronunciarlo.


domingo, 15 de junio de 2025

Cisne de fieltro

 



“Asustar a un notario con un lirio cortado”,

dijiste en la sobremesa tras el almuerzo familiar

un ejemplo de cómo la poesía transgrede la lógica

ante mis inquietudes literarias de joven ingenuo.


El verso nerudiano alude a la burocracia

a esos legajos tradicionales, papeles amarillentos.


Durante años te vi según esa imagen

un sacrificado jurista de tintes kafkianos

empleado público sensato y prudente.


Te enseñaba orgulloso mis primeros cuentos

“Borges desarrolló con mayor agudeza este tema”,

evaluabas, con esa parsimonia pedante

luego imitaba tus actitudes, incluso en escenarios

en los que parecía un personaje de Pirandello.


Sólo disfrutabas a Neruda en los poemas

mi gusto literario surgió en la necesidad de conocerte

en tus últimos años de vida te presté un libro grueso

de mi poeta favorito: Nicanor Parra. 


No alcanzaste a leerlo ni supe tu mirada

sobre el corderito con piel de lobo.


Me pregunto qué habrías opinado años después

luego de haber abandonado este valle de lágrimas

acerca del controvertido hallazgo en la biografía

Nobel chileno en tela de juicio

aquel incidente con una mujer humilde en Ceilán

error de juventud que manchara su efigie.


Más me importaría enterarme de tus impresiones

sobre la actitud de Neruda hacia Malva Marina.


Con cariño y tristeza, para mí fuiste un cisne de fieltro.



 

sábado, 3 de mayo de 2025

¿Qué diría Antón Chéjov?



 
“Soy inocente”, aseguraba Giuseppe Conlon
a cada compañero de prisión que consultaba.
Los atentados de Guildford
sembraban la duda entre los ingleses
por sobre el montaje policial y el circo
representado con insidia en la Cámara de los Lores.
 
Por estos días las verdades se pixelan
y la música urbana en más convincente
que la apología de Sócrates
o palabras murmuradas
con la mirada transparente
y el cálido flujo sanguíneo en la piel.
 
La calumnia quedó olvidada
en la tinta de Chéjov y sus páginas amarillentas
herramienta aséptica e incisiva
hoy exponencialmente cuántica entre falanges
numéricas de ceros y unos.
 
Giuseppe Conlon murió encarcelado
lejos de su Belfast natal
no alcanzó a ver su nombre limpio
del oprobio y la condena social.
 
Sólo nos queda acariciar la infancia
como un pajarito de alas rotas
anidar la verdad lejos de las redes sociales
reflexionar sobre la confianza en el vecino.

 


lunes, 7 de abril de 2025

Raíces profundas

 



A Renato le daban vueltas en su cabeza las palabras de la terapeuta. Por cierto, el tema no le resultaba indiferente, y era evidente que había una alusión directa en esa historia. “En serio, Renato, me ocurrió hace algunos años atrás: un paciente nunca pudo superar el límite laboral que alcanzó su padre. Por más que se esforzaba, su inconsciente siempre le hacía una zancadilla que le impedía progresar en su carrera profesional. Por eso, nunca hay que descuidar la Sombra, como solía llamar Jung a nuestros fantasmas ocultos en zonas mentales”.

En cuanto a sendero profesional, le parecía un eufemismo considerarse a sí mismo dentro de esa categoría. Con mucho esfuerzo, y tardíamente, se había titulado de Licenciado en Filosofía de la Universidad de Chile, carrera bastante apreciada cuando empezó los estudios, pero que ahora lo mantenía esclavizado a un liceo pobre, donde se gastaba la voz tratando de enseñar los pre socráticos y otros pensadores menores a muchachos que poco y nada les atraía esta disciplina. Aún peor eran sus honorarios, que apenas le alcanzaban para vivir míseramente arrendando un departamento en la Villa Olímpica y no le permitían compartir el hogar con su novia y la hija de ella, a la que quería como si fuera de su propia sangre.

Pero la figura de su padre calaba hondo, en especial porque ahora lo recordaba en la memoria con nostalgia. Abogado de profesión, tuvo una relación compleja con él durante su vida, mas no por eso había dejado de quererlo. Fallecido hacía años, para Renato fue un duro golpe perder a su progenitor cuando aún lo necesitaba en el apoyo emotivo. Lo añoraba, y muchas veces él era un recordatorio de su padre para la familia y algunos amigos suyos, que aún aparecían por los círculos sociales que Renato frecuentaba. Siempre le hicieron notar que imitaba a su padre, de forma más o menos consciente. La excesiva formalidad, la actitud conciliadora, el empleo de un lenguaje culto y, a veces, incluso rebuscado, los modales caballerescos y la inclinación por temas intelectuales, rayanos en la pedantería, eran rasgos que él había heredado y asimiló con los años.

Esta similitud no significaba, eso sí, que la relación hubiera sido todo el tiempo libre de conflictos. El padre de Renato solía ser autoritario y un tanto displicente. El hijo lo buscaba y buscaba y, tal vez justamente por eso, sentía una admiración frustrada de niño hacia su padre, razón bastante comprensible para imitar sus actitudes. Por eso Renato nunca mostró interés por el Derecho. Imaginaba un trabajo de abogado tedioso y demasiado estructurado, excesivamente tradicional. Y las diferencias se acrecentaron durante el proceso político del Plebiscito de 1988. Si bien Renato era un niño, cuestionó firmemente que su padre apoyara la dictadura militar, recibiendo las respuestas desganadas de su papá, que veía en esas impugnaciones a un simple infante que no entendía de lo que estaba hablando.

Pero en la familia también había cuestionamientos hacia la figura paterna. Tanto Renato, como sus hermanos, le insistían a su padre en que dejara el trabajo de empleado municipal, mal remunerado, y optara por entrar a una empresa privada, donde tendría mejores posibilidades. El padre se sentía a gusto en el Departamento Jurídico de la Municipalidad de Ñuñoa, era su hábitat natural, y en las contadas ocasiones en las que se había esforzado por posicionarse en un empleo con mejor sueldo, había recibido portazos en la cara.

Todo este puzle de memoria familiar cruzaba sus pensamientos mientras veía avanzar parsimoniosamente las estaciones de la Línea cuatro del Metro, de regreso a casa luego de una cansadora jornada en el liceo, cuando su ánimo despertó al recordar que, en una conversación de pasillo horas antes, un colega le había avisado que en la Universidad de Chile abrieron una convocatoria para cursar doctorados con atractivas becas. Renato sabía lo que ello representaba: de por sí aumentar sus ingresos, perfeccionarse, y fácilmente alcanzar un empleo de profesor auxiliar en la Facultad de Filosofía, camino próspero a la docencia. Una oportunidad como esa no la podía desperdiciar.

Mientras caminaba por la explanada de la Estación Grecia rumbo al paradero del Transantiago, llamó a su novia para darle las buenas nuevas, y ella lo felicitó por la posibilidad, además de rogarle que las visitara más seguido, que lo extrañaban. Sí, amor, es que las clases me consumen, pero de resultar esta beca todo cambiaría para nosotros. ¿Te imaginas viviendo juntos?, ¿siendo la mujer de un académico universitario?

Había oscurecido cuando llegó a su departamento. De inmediato encendió luces, el hervidor para una taza de té y el computador de escritorio: no quería perder un minuto en revisar el formulario de postulación. Mientras fumaba con la ventana abierta en el undécimo piso, iba repasando mentalmente todos los documentos que debía adjuntar, los cuestionarios a escribir y, sobre todo, el paper que le exigían para postular. Pensó escribirlo sobre Wittgenstein, un filósofo a su juicio poco valorado. Además, era novedoso y de su interés personal. Sólo había un reparo en todo ello: el plazo de cierre era dentro de dos días, por lo cual no dudó en calentar mucha agua y agotar su reserva de café. Pese a que tenía clases en el liceo al día siguiente muy temprano, bien valía la pena la vigilia escribiendo.

Cerca de las cuatro de la madrugada, ya evidentemente cansado, Renato sintió que alguien caminaba en el pasillo. Giró de su silla y, con espanto, vio que su padre lo miraba con lástima. Restregó sus ojos para ver si no era una fantasía por la falta de sueño.

—Hasta estas horas trabajando, Renatito, ¿acaso pretendes resolver tu futuro en una noche sonámbula?

—¿Qué haces aquí, papá? Esto no puede estar sucediendo.

—Lo que no puede suceder es que pretendas aumentar tu sueldo con tus libritos de filosofía. ¿Es que acaso a los socialistas trasnochados ahora les dio por ser intelectuales financiados por el Estado? Disquisiciones espurias, caldo de cabeza…

—Claro, lo había olvidado, tú siempre argumentando desde la retórica, con palabras pedantes como disquisiciones.

—Hijo, hazte un favor, anda a acostarte y deja de soñar despierto.

Fue en ese momento que Renato abrió los ojos de golpe y lo cegó la pantalla iluminada del computador con el documento que redactaba a medio terminar.

La jornada laboral al día siguiente le pareció a Renato una tortura. Hasta sus alumnos su burlaron de sus ojeras, y por la falta de sueño estaba con un genio muy irritable. Por poco se desquita humillando a un muchacho que intentaba pasarse de listo con preguntas capciosas. Horas después, en la cafetería del liceo, dando sorbos cadenciosos a un café muy cargado, se sentía a gusto de haber concluido por la mañana de ese día la postulación en línea a la beca. Era optimista: tal vez su paper no fuera tan prolijo (lo escribió con evidente apuro), pero era original y hasta elegante. De quedar seleccionado podría al fin decir adiós a ese liceo de mala muerte, aspirar a una vida mejor.

Los días que siguieron fueron de mayor calma, Compartió varios fines de semana con su novia y la hija de ella. Le contó pormenores de su postulación, hicieron planes juntos. Sabían que eran sólo castillos en el aire, pero buscaban conservar el optimismo, pese a que no daba garantías de nada. Renato le contó a ella el sueño con su padre, de lo angustioso que le resultaba.

—Es un tema que no has resuelto, por eso te sigue penando su recuerdo. Tienes que liberar esa tristeza.

—Lo sé, Belén, pero a veces pienso que es más fuerte que yo, que no hay forma de control sobre mi inconsciente.

—¿Y la terapeuta no te ayuda con eso?

—Le habló mucho sobre mi padre. De hecho, me ha dado varias señales que me hacen pensar mucho. Pero es como si fuera una sombra que me persigue.

 

A los pocos días, mientras Renato se disponía a impartir una clase de la tarde en el liceo, lo llamaron desde la Facultad de Filosofía. Era para una entrevista con el secretario académico del programa de posgrado. Sintió una mezcla de entusiasmo y temor a la vez. Muy educado, excesivamente formal, agradeció la llamada y confirmó su asistencia. Inmediatamente telefoneó a Belén para darle la noticia. Ella lo tranquilizó asegurando que tenía capacidades de sobra para quedar en el doctorado.

El día de la entrevista Renato se levantó muy temprano. Vistió una tenida formal, desayunó ligero, y caminó hasta el paradero con serenidad. Fue un sentimiento de nostalgia el volver a pisar el Campus Juan Gómez Millas: los mismos patios, los edificios de distintas facultades, los rincones que albergaban recuerdos. Los directivos de la Facultad de Filosofía habían cambiado, y Renato no guardaba mayor contacto con su alma mater desde que se tituló. Sin embargo, lo reconoció la misma secretaria de la Escuela.

Sentado, a la espera, repasaba su postulación de hacía algunas semanas y creía estar bien fundamentado para ser recibido por el secretario académico. Lo hicieron pasar y fue recibido por un hombre de unos cincuenta años, de rictus serio y barba prominente. Con un trato seco pero amable, la autoridad de la Facultad le explicó a Renato que sus antecedentes eran muy valiosos, muy buen currículum y recomendaciones, pero que le extrañaba que un egresado de la carrera con tan buenas notas cometiera lo que, no podía ser de otra forma, era un error estúpido: su paper era sólido, bien argumentado, de redacción prolija salvo porque estaba incompleto. El secretario le preguntó extrañado qué diablos le había sucedido, pues no cabía posibilidad de que un postulante tan sobresaliente entregara como trabajo final ese ensayo inconcluso.

Renato sintió el mundo derrumbarse ante sus ojos. Percibía menos luz que hace un momento y un nudo de tristeza le ahorcaba la garganta. Sería este, como le insistía su terapeuta, un acto fallido, una maldita zancadilla del inconsciente. Pero ¿qué significaba?, ¿qué motivó un error tan burdo?

Por cierto, el cielo se había nublado a la salida del Campus en Ñuñoa. Caminó escuchando la brisa sobre las hojas en sordina por la calle Ignacio Carrera Pinto. Perros quiltros le ladraban a su paso y Renato, con desdén resignado, los ignoraba. Una vez llegado a la avenida Grecia, entre un grupo de empleados de aspecto burocrático que cruzaron en su camino, creyó ver, con semblante taciturno, a su padre sonreír adolorido.