jueves, 28 de agosto de 2025

El cuarto poder del Estado


 

Ignacio Valenzuela se levantó temprano ese día
los agentes de la CNI lo esperaban
en las afueras de su domicilio, implacables.
Hugo Salas Wenzel recogió el guante
el atentado al General no había sido juego de niños
la venganza se fraguó precisa, bisturí de cirujano.
 
Ignacio Valenzuela fue acribillado en calle Alhué
a escasos 30 metros de la casa de su madre
se dice que desenfundó su arma de fuego
y que portaba una granada.
 
La historia la escriben los vencedores.
 
Seis horas más tarde, en calle Varas Mena
el capitán Zúñiga le dispara a Patricio Acosta
cae arrodillado, entre ocho efectivos lo eliminan
disparo en la cabeza, ráfaga de metralleta.
Sin vida, un agente puso en sus manos un revólver
y un gorro pasamontañas
grabaciones en cinta VHS, fotografías.
 
Por la noche, Juan Waldemar y Wilson Henríquez
caen abatidos al repeler el ataque
mientras los combas huyen de la casa
último refugio a la embestida.
 
La sangre no se detiene
prisioneros amordazados en calle Borgoño
los trasladan a una vivienda en Recoleta.
Ultimados a balazos, los agentes disponen
sus cuerpos en posturas escogidas
dando rienda al circo de los enfrentamientos.
 
La versión oficial corrió por cuenta
de periodistas y editores de la prensa servil
el cuarto poder del Estado brinda
correlato oblicuo de la masacre
redacción insidiosa, dibujantes hábiles
escenifican posiciones de terroristas armados.
 
Agustín Edwards Eastman recomienda
a familiares de víctimas de Detenidos Desaparecidos
que busquen consuelo a su tristeza
en el silencioso rezo a nuestro señor Jesucristo.


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