“Asustar a un notario con un lirio cortado”,
dijiste en la sobremesa tras el almuerzo familiar
un ejemplo de cómo la poesía transgrede la lógica
ante mis inquietudes literarias de joven ingenuo.
El verso nerudiano alude a la burocracia
a esos legajos tradicionales, papeles amarillentos.
Durante años te vi según esa imagen
un sacrificado jurista de tintes kafkianos
empleado público sensato y prudente.
Te enseñaba orgulloso mis primeros cuentos
“Borges desarrolló con mayor agudeza este tema”,
evaluabas, con esa parsimonia pedante
luego imitaba tus actitudes, incluso en escenarios
en los que parecía un personaje de Pirandello.
Sólo disfrutabas a Neruda en los poemas
mi gusto literario surgió en la necesidad de conocerte
en tus últimos años de vida te presté un libro grueso
de mi poeta favorito: Nicanor Parra.
No alcanzaste a leerlo ni supe tu mirada
sobre el corderito con piel de lobo.
Me pregunto qué habrías opinado años después
luego de haber abandonado este valle de lágrimas
acerca del controvertido hallazgo en la biografía
Nobel chileno en tela de juicio
aquel incidente con una mujer humilde en Ceilán
error de juventud que manchara su efigie.
Más me importaría enterarme de tus impresiones
sobre la actitud de Neruda hacia Malva Marina.
Con cariño y tristeza, para mí fuiste un cisne de fieltro.
