martes, 26 de noviembre de 2019

Los pies en la Tierra




Este zapato me acompaña hace tiempo,
reposa en una bandeja del librero,
es de cartón, papel de colores
y unos cordones morados, tu color
favorito por tu bisabuela Adelaida:
luego de comer betarragas
te enseñaba la lengua y sonreías.

Este zapato fue un regalo
debías tener unos doce años entonces
lo confeccionaste en Artes Plásticas
de la escuela a mis manos
agradecidas de tanto cariño.

Una vez escribí que no era ejemplo de nada
pero intentaba regalarte zapatos
para que caminaras firme sobre la Tierra
y olvidaras las zapatillas
suspendidas de los cordones en cables eléctricos
con que los narcos marcaban territorio
en la desolada avenida José Arrieta.

En el talón del zapato, una leyenda:
Pancha Productions
en honor a la perrita recogida en la calle
y que te acompañó durante años
acariciando en el pelaje tu cariño.

Ahora, cuando te recuerdo e imagino
en el departamento de tu padre,
que se acordó de ti recién a los 19 años,
te imagino deambular por los cerros
y avenidas de Valparaíso,
este zapato también me devuelve a la Tierra
y evita que me suspenda en el aire
ingrávido por ingenuidad o abandono
perdido en el invierno de la nostalgia.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Los ojos de Chile




A Gustavo Gatica


No bastó con aletargar las conciencias
taponados los sentidos de Chile
por políticos ciegos al clamor
de patipelados en la costumbre del margen.

Caviar, sábanas de seda y vidrios empañados
obstruida la mirada a niños del Sename
narices con neoprén, sexo a cambio de droga
amenazan la cordura de salones palaciegos.

Nadie escuchó al clarividente
una olla a presión a punto de estallar
la Bolsa de Valores fluctúa desbocada
ya es tarde, la sangre inunda los adoquines.

Es prudente mantener el orden público
sin importar los costos de la medida
militares a las calles
policías disparan balines.

No bastó con cegar al pueblo de Chile
era necesario arrancar sus ojos
trofeos de guerra como orejas de onas
la masacre obturada a los testigos.

Para resolver la peste que asolaba a Tebas
Edipo se arrancó los ojos con agujas
del vestido de su madre- esposa
puntas de oro redimen sus pecados.

¿Cuánto dolor se necesita, señor Presidente?